|
Derrama el cielo su nieve
sobre todos los poblados.
Se forman prismas helados
y hace un frío que conmueve.
Invierno a extender se atreve
sus canas sobre el cemento
y presiente el cielo atento
pena por arbóreo evento
Hacia fiestas navideñas
citó el párroco a sus fieles
exponiendo en los carteles
propósitos y reseñas.
En sus casas y en sus peñas,
todos fueron rebuscando
adornos festivos, cuando,
¡faltó un árbol! Deseando
encontrarlo en las montañas
o encontrarlo en las laderas
recorrieron cordilleras,
ingeniaron sus hazañas
y hasta arañaron entrañas
de la tierra; tierra muerta,
estéril, fría, desierta.
-Solo química era huerta-
Tras mucho andar divisó
el más perspicaz del pueblo,
en un remoto despueblo,
un árbol al que llamó
carballo, y avisó
para arrancar de raíz
aquel árbol infeliz
de su árido tapiz.
|
Entre regalos envuelto
en la plaza lo pusieron;
los villancicos se oyeron
en el belén ya resuelto
y quedó hermoso y esbelto.
Cuando terminó el festejo
ya era sólo un árbol viejo,
muriéndose y perplejo.
Sus hojas derramó el roble
con un llanto sostenido,
y abatido el árbol noble
siguió así con su desdoble
de hojas muertas en la escena
y humedecido de pena
lloró su ruin condena.
Quedó el tronco muy escuálido
desprovisto de follaje;
desvestido de ramaje,
y su llanto quedó pálido,
ya sin savia y sin coraje.
Se agotaba en lo profundo
este árbol moribundo.
¡¡Era el último del mundo!!
|